Esa cosa llamada guayo

Posted: febrero 24, 2011 in Yo opino que...
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Historias alrededor de los guayos, muchas. En 1938, el primer gran goleador de los mundiales que tuvo Brasil, Leonidas, le marcó tres a Polonia en un juego que terminó 6-5 a favor de su equipo. Ese día el hombre del Flamengo marcó uno con la media, ya que cuando quiso patear su guayo derecho salió volando por los aires.

Eran otros tiempos, tiempos en los que un guayo parecía un zapato ortopédico. Más que guayo era un botín de punta dura, de cuero curtido y que se volvía aun más pesado cuando se mojaba. Pero llegó Adi Dassler con su adidas y todo lo cambió. Empezó a pasar más tiempo con los jugadores, a oír sus quejas sobre las heridas que en sus pies causaban las botas de entonces y a reformar el calzado de acuerdo a sus necesidades.

El famoso milagro de Berna, aquella final que Alemania le ganó a Hungría en 1954 contra todo pronóstico, se debe sin duda a los jugadores y al técnico, el semidiós Sepp Herberger, el único entrenador que ha dirigido a una selección en mundiales de preguerra y posguerra; pero imposible negar que el trabajo puesto por Dassler para que la ropa y los guayos de los alemanes superaran en desempeño a los de los hábiles húngaros hizo lo suyo.

Luego de eso muchos cambios. Puntera blanda, las famosas tres rayas laterales, teches de aluminio, intercambiables, para terreno blando, duro, largos, cortos, cuero de canguro, sintético. Los noventa fue década de más cambios, pero también de colores. Blanco fue el primero y por televisión daba la impresión de que los futbolistas jugaban con medias. Si puede, busque en Youtube a Patrick Vieira jugando los olímpicos de Atlanta 96 con Francia y entenderá.

Hoy un partido de fútbol es una fiesta de pies multicolores, y a la fauna guayística llega un nuevo invitado, el F50 Adizero. Anarajando, pero más liviano que una naranja (apenas 145 gramos), son el nuevo juguete de Lionel Messi. Con apenas 67 kilos de peso, el mejor jugador del mundo, dueño de una aceleración más propia de un Ferrari que de un futbolista, juga descalzo (es un tecnicismo) y le gana a todos.

No es el único. En el mundo, hombres como Karim Benzema, menos habilidoso que el argentino, usan el mismo guayo. Más cerca a nuestra realidad, en un estadio junto a usted,  jugadores como Macnelly Torres y Carlos Preciado calzan el mismo zapato.

Mírelos bien, trate de no perderlos de vista porque estos hombres son rápidos. El F50 Adizero aun no viene con turbinas, pero pareciera.

Enfermedad infecciosa, bastante frecuente en los torneos organizados por la Dimayor, causada por un virus del género de los avaros y opulentos. Se caracteriza por programar en exceso los clásicos del fútbol colombiano.

Es una enfermedad que empieza con una fiebre intensa, la fiebre del dinero que va en detrimento del fútbol, del carácter legendario de los clásicos, los cuales marcan un punto de inflexión en cualquier liga que no ha sido invadida por la clasiquitis. Son los partidos del orgullo y habitualmente ocurren dos veces por temporada.

Colombia lleva una década invadida por esta enfermedad, nacida en el seno de la Dimayor, donde los popes de nuestro balompié aprueban a rajatabla cualquier desfachatez disfrazada de idea. La fiebre del dinero los toca de tal forma que programan clásicos por montones.

La clasiquitis comienza a verse en la famosa fecha 9, la de los derbis. Incluso el virus ataca a algunos periodistas, quienes en su afán clasiquero tildan como tal un duelo directo por no perder la categoría: “Es el clásico del descenso”, se ufanan en decir. Una muestra soberbia que nos permite detectar que la clasiquitis llega hasta las neuronas.

Tomemos como ejemplo un América vs. Deportivo Cali. Por Liga, antes Copa Mustang, juegan 4 veces al año desde que se instauraron los torneos cortos. Ya es exagerado cuando un Boca vs. River garantiza dos ediciones  anuales en el fútbol argentino. Si Cali y América llegan a semifinales hay dos derbis más, no importa si como adversarios en un mismo cuadrangular o como contrincantes en la disputa de una estrella (remítase a Nacional vs. Medellín por el Apertura 2004).

Ahora con la Copa Postobón hay dos clásicos en la fase inicial porque para “evitar gastos en desplazamientos -el virus de los avaros-” es mejor jugar contra el vecino, no interesa si en las instancias eliminatorias se crucen otra vez.

Entonces tenemos 8 partidos en una temporada con posibilidad de extenderse a 12 si los equipos pasan a semifinales o disputan estrella; más los 2 fijos de Copa, que tienden a aumentar a 4, van 12 o 16; más un par de choques internacionales como la Copa Libertadores o Sudamericana la cuenta llega a 14 o 18. No tuvimos en cuenta que ahora un club colombiano puede jugar en un año Libertadores y Sudamericana. Es la clasiquitis en su fase más intensa. Hasta ahora no ha ocurrido, pero sí hemos estado cerca de llegar a ese extremo.

El antídoto es tan simple que se localiza en la esencia del fútbol, en su historia. Consiste en aplicar una dosis de respeto a los clásicos y mirarlos con la óptica de un partido especial, que como tal debe jugarse dos veces en un año. Solo así los hinchas recuperaran la pasión que despierta un Santa Fe vs. Millonarios, América vs. Cali, Nacional vs. Medellín y Once Caldas vs. Pereira. ¡Acaben con la fecha 9, por favor!

En cuanto a la Copa deberían pensar en un sistema que evite cruces regionales en fases iniciales. Lo internacional se acepta, pues al fin y al cabo el ambiente copero esfuma cualquier riesgo de contagiarse por esta clasiquitis aguda.

Ya entendí por qué Lionel Messi es un lujo de jugador cada vez que maneja la pelota. Si con ella es capaz de hacer tremendos goles, miren lo que puede hacer con unos guayos. Se puso hacer la 21!!! Yo, realmente, no haría ni 5…

No sé si sea un rumor o tal vez sea una noticia en desarrollo, a punto de estallar en el próximo mercado de invierno. Si Falcao se convierte en delantero del Chelsea sería espectacular. Carta abierta al actual goleador del Porto.

Hola, Falcao. Sé que estás bien, espléndido porque tu vida ha sido prolija, con muchos éxitos deportivos y seguramente una vida personal impía. Un premio para un jugador como tú, que ahora recoge lo que durante muchos años laburó. Jamás olvidaré el día en que te vi marcar más de tres goles en 10 minutos, cuando, con apenas 13 años, eras la máxima figura de la Selección Bogotá.

He seguido tu carrera desde Fair Play, la Selección Bogotá, el día en que debutaste en la Primera B con 14 añitos, cuando se supo que te ibas a River Plate, el día de tu debut en el fútbol argentino y tus convocatorias en las menores de Colombia hasta que llegaste a la de Mayores. El oro y la gloria de un joven que se consolidó como uno de los mejores delanteros de Sudamérica.

Ese es el Radamel Falcao García que alguna vez quise ver en Millonarios y que sueño, porque así lo has dicho, ver en un futuro, cuando te despidas en el club de tu corazón, aquel por el que estás pendiente desde Portugal y posiblemente, según las últimas informaciones, desde Inglaterra.

En 59 partidos jugados hasta el momento, llevas 46 goles. Con unos números así, ciego sería el dirigente deportivo que no se fijara en esa joya de delantero que eres. No me extraña que por ti estén preguntando Milan, Bayern Múnich y Chelsea…. Sí, Chelsea, el equipo por el que tanta devoción profeso no por ser azul, como muchos hinchas de Millos que ridículamente le dicen el “Millonarios inglés”. ¡Jamás!. Mi filiación por este club nació el día que vi a José Mourinho sentado en su banquillo técnico y estuvo a punto de extinguirse cuando él se fue. En ese momento dudé, pero el tiempo me mostró que Chelsea es, como dice un amigo, mi amante, una musa que me inspira a ver fútbol, a sentirme ganador en medio de tanta incompetencia que rodea a mi amor, a mi Millonarios.

Tal vez por eso siento que es un deber escribirte esta carta abierta para que pienses que Chelsea sería una magnífica oportunidad para tu carrera. Serías el engranaje perfecto para un equipo que basa su fútbol en abrir el juego por los costados y explotar el talento goleador de sus delanteros, sus principales referentes, por quienes los demás jugadores trabajan. Drogba es un crack gracias a esto, Anelka volvió a ser importante por este estilo y tú serías magnánimo, Radamel.

Llegarías a competir por un lugar en la titularidad, algo que no me preocupa porque sé que lo lograrías. Además, Drogba y Anelka ya están cerrando un ciclo; los que vienen detrás, Kakuta, Daniel Sturridge y Fabio Borini, todavía están crudos; Kalou es un buen puntero, no goleador. Entonces no veo por qué no serías capaz de ganarte un lugar en el mejor club inglés de la actualidad.

Falcao: serías un hit en Chelsea. Allí serías dirigido por un técnico italiano con un talento increíble para manejar camerinos plagados de estrellas. Carlo Ancelotti ha ganado títulos a granel. Con él aprenderías demasiado. Un cúmulo de conocimientos que caería de maravilla en la Selección Colombia.

Estás en tu etapa de esplendor, Falcao. Sin temor a equivocarme me atrevo a decir que desde la época del “Tino” Asprilla en el Parma no hemos tenido un atacante tan sobresaliente en el “Viejo Continente”. En Colombia aún no hemos dimensionado tu talento. ¡Eres un jugador de clase mundial! Por eso te invito a que reflexiones en cuál debería ser tu próximo destino. Piensa en Chelsea, piénsalo bien. Humildemente te lo aconsejo.