Historias alrededor de los guayos, muchas. En 1938, el primer gran goleador de los mundiales que tuvo Brasil, Leonidas, le marcó tres a Polonia en un juego que terminó 6-5 a favor de su equipo. Ese día el hombre del Flamengo marcó uno con la media, ya que cuando quiso patear su guayo derecho salió volando por los aires.
Eran otros tiempos, tiempos en los que un guayo parecía un zapato ortopédico. Más que guayo era un botín de punta dura, de cuero curtido y que se volvía aun más pesado cuando se mojaba. Pero llegó Adi Dassler con su adidas y todo lo cambió. Empezó a pasar más tiempo con los jugadores, a oír sus quejas sobre las heridas que en sus pies causaban las botas de entonces y a reformar el calzado de acuerdo a sus necesidades.
El famoso milagro de Berna, aquella final que Alemania le ganó a Hungría en 1954 contra todo pronóstico, se debe sin duda a los jugadores y al técnico, el semidiós Sepp Herberger, el único entrenador que ha dirigido a una selección en mundiales de preguerra y posguerra; pero imposible negar que el trabajo puesto por Dassler para que la ropa y los guayos de los alemanes superaran en desempeño a los de los hábiles húngaros hizo lo suyo.
Luego de eso muchos cambios. Puntera blanda, las famosas tres rayas laterales, teches de aluminio, intercambiables, para terreno blando, duro, largos, cortos, cuero de canguro, sintético. Los noventa fue década de más cambios, pero también de colores. Blanco fue el primero y por televisión daba la impresión de que los futbolistas jugaban con medias. Si puede, busque en Youtube a Patrick Vieira jugando los olímpicos de Atlanta 96 con Francia y entenderá.
Hoy un partido de fútbol es una fiesta de pies multicolores, y a la fauna guayística llega un nuevo invitado, el F50 Adizero. Anarajando, pero más liviano que una naranja (apenas 145 gramos), son el nuevo juguete de Lionel Messi. Con apenas 67 kilos de peso, el mejor jugador del mundo, dueño de una aceleración más propia de un Ferrari que de un futbolista, juga descalzo (es un tecnicismo) y le gana a todos.
No es el único. En el mundo, hombres como Karim Benzema, menos habilidoso que el argentino, usan el mismo guayo. Más cerca a nuestra realidad, en un estadio junto a usted, jugadores como Macnelly Torres y Carlos Preciado calzan el mismo zapato.
Mírelos bien, trate de no perderlos de vista porque estos hombres son rápidos. El F50 Adizero aun no viene con turbinas, pero pareciera.


